Editorial

Santo Domingo al desnudo

Las calles de Santo Domingo han quedado completamente al desnudo, después de casi dos días de aguaceros que ha provocado la tormenta tropical Beryl a su paso por el país.  Escombros de árboles en las calles y sobre viviendas, postes del tendido eléctrico colapsados, casas y vehículos inundados, son solo algunos detalles del panorama gris que vive la población.

El pasado domingo, el presidente Danilo Medina se reunió con directivos y miembros del Centro de Operaciones de Emergencias (COE), y expresó literalmente: “no quiero sorpresas; por eso los he convocado”.

Y eso está bien por el mandatario, pero es lamentable que entre el “dicho y el hecho hay mucho trecho”, ya que la realidad de muchos ciudadanos dominicanos, es que hoy, van a dormir en casas de parientes y amigos, porque han perdido sus ajuares o están muy mojados, sus viviendas están anegadas por las aguas y cuentan con ningún tipo de seguridad para guarecerse.

Este martes el COE reportó 1586 viviendas afectadas, 7930 desplazados, 96 personas albergadas de manera oficial, 19 comunidades inundadas y varios puentes afectados.  Mientras se mantienen 22 provincias en alerta porque las lluvias continuarán.

Santo Domingo y el Distrito Nacional se han visto gravemente afectados por este fenómeno natural, desde los lugares más privilegiados del punto de vista de la seguridad medioambiental, hasta los lugares más vulnerables.  Sin mencionar, los daños que han ocasionado las lluvias en Santiago, Hermanas Mirabal y San Cristóbal.  En esta última provincia, los daños son cuantiosos, ya que la mayoría de sus municipios han sido impactados por los torrenciales aguaceros y deslizamiento de tierra.

Este escenario es propicio para hacer una pausa, y lanzar una interrogante en cuanto al Desarrollo Humano Sostenible, especialmente, el que ha exhibido la República Dominicana en los últimos años.  ¿Está el Estado dominicano cumpliendo su rol protector y proveedor de las necesidades, por lo menos, básicas que debe tener satisfechas un ciudadano, sin importar su estatus, color o raza?

De acuerdo a la Oficina de Desarrollo Humano (ODH), en República Dominicana y otros lugares del mundo, los desastres ofrecen oportunidades únicas para el cambio.  Son una oportunidad para iniciar un proceso que transforme y repare, a la vez que instaure un puente hacia el desarrollo.

No es menos cierto, que después de la  experiencia funesta que dejaron a su paso por esta nación la tormenta Noel y Olga  en el 2007, directamente afectando el norte y nordeste del país, causando la muerte de 33 personas, el Estado dominicano debería contar con políticas claras, precisas y sostenibles que protejan de manera especial la gente que vive bajo el umbral de pobreza y con el índice de desarrollo humano más bajo.

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