Opinion

¿Se debe combatir la delincuencia ultimando gente?

“Qué  esperamos, si solo  el 1  % de la población tiene acceso a todo, y el  99 % a poco, o nada”

SANTO DOMINGO. “Si la clase política y empresarial del país, no opta por repartir el pastel, y crea  las condiciones para que todos vivamos dignamente, que no esperen sosiego, ni  en las habitaciones de sus casas. Su accionar, ha sido la levadura para que esta delincuencia rampante nos arrope”. Repartir el pastel, no significa hacer lo que en su momento hizo Hugo Chávez,  y de lo que pocos se atreven a hablar “Echar de las fincas, empresas, instituciones, y demás, a la clase burgués venezolana, y poner esos bienes  en mano de un  proletariado inculto” provocando, que   en poco tiempo todo fuese arrasado, hasta el  alambre que protegía el ganado fue vendido para apaciguar el hambre, cuando nada quedó”.

La delincuencia es un problema multifactorial, que arrastra consigo un sinfín de variables, donde la más preponderante es la desigualdad social. Recientemente, el presidente de la república, informó el despliegue de cientos de militares, básicamente en santo domingo, con el objetivo de apalear este mal que nos destruye como sociedad. Está práctica, no es nueva, todos los gobernantes la han utilizado  y los resultados han sido insatisfactorios. Es un método, de apaciguar  básicamente la opinión pública, y la sociedad  cuando se satura con tantas atrocidades, manipuladas  muchas veces por medios  que buscan elevar su popularidad a través  del  morbo, y la exhibición de imágenes desgarradoras, que degradan la imagen del gobierno frente a todos.

Este flagelo, no se combate ultimando gente. Hace falta crear políticas públicas, que busquen cerrar la brecha de la desigualdad social. En nuestro país, ha suscitado un fenómeno  propiciado básicamente por la clase política, el cual hemos denominado como “La era del exhibicionismo y enrrostramiento” no es más qué, apabullar la población, mediante la  adquisición de yates, relojes, vehículos, atuendos, y mansiones. Pero, ya  no se  conforman con tenerlos ocultos, la gran satisfacción, está  en exhibirlo, pregonarlo, y utilizarlo como arma, para subyugar, presionar y humillar”.

 Esta practica, causa indignación social, desata  odio y resentimiento entre quienes  tienen menos acceso a salud, educación, empleos y  alimentación. Entonces,  ¿Qué  esperamos, si solo  el 1  % de la población tiene acceso a todo, y el  99 % a poco, o nada?

Si nos vemos en el espejo de varios  países Latinoamericanos, nos daremos cuentas que  militarizar las calles no es el método más efectivo, tal pasó en Honduras, en 2016  el presidente Juan Orlando Hernandez, minó las calles de militares y  sembró el  terror. En principio, se creo la percepción de que  el plan funcionó, pero al poco tiempo se vio obligado a tergiversar las estadísticas, relativa al descenso de la criminalidad, hoy su país vive sumido en el caos, y sus niveles de popularidad se disuelven significativamente, ¡Cuidado con eso!

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